Wednesday, November 29, 2006

Palabras del Subcomandante Marcos en la Plaza de la Libertad de Tampico

Buenas noches Tampico, capital del mundo y sucursal del cielo . Queremos pedirles un momento en que abran sus corazones y sus oídos para escuchar la palabra que traemos.

Este país está doliendo por todas partes. Si eres indígena te duele porque se burlan de ti, de tu lengua, de tu color, de tu forma de vestir, de tu cultura. Si eres pueblo indio en México, duele serlo.

Duele también si eres persona de la tercera edad: anciano o anciana, nuestros mayores —decimos nosotros—, nuestros sabedores. Donde quiera que estés te tratan como si fueras la envoltura de un producto que ya fue consumido. Se burlan de ti, de tus enfermedades, se burlan de lo que ya serviste y ahora ya no sirves, y sólo te ven como si fueras objeto de limosna o de lástima.

Y duele si eres mujer: mujer joven, madura, adulta, o niña. Para el resto de la sociedad sólo vas a ser un objeto, y como un objeto vas a ser tratado y exhibido. Ningún respeto para tu inteligencia, para tu capacidad, para lo que sabes. Todo el esfuerzo para tratar de aparentar un modelo de belleza que ni siquiera pertenece a estas tierras, viene de más al norte. Duele ser mujer, aquí en México.

Y duele también si eres trabajador del campo, campesino. Si antes podías poseer la tierra en un ejido, en una tierra comunal. Llegó el gobierno —el mismo conquistador de hace 500 años, pero ahora vestido de licenciado de la Reforma Agraria, o de la Secretaría de Agricultura— a decirte que ahora es pequeño propietario, que te entres al Procede y al Procecom. Y entonces firmas.

Y ahora eres un pequeño ranchero que se muere de hambre porque no tiene créditos ni apoyo para sembrar. Y cuando vas a solicitar al gobierno que te apoye un poco, te dice que tienes que tener dinero para que te puedan prestar. Y uno piensa en su corazón que si tuviera dinero no anduviera prestando, no anduviera pidiéndole al gobierno nada.

Y si eres también ejidatario en cualquier otra parte, de pronto te vas a encontrar una mañana con que el gobierno compró, o el patrón, el nuevo hacendado, el gran finquero, el gran latifundista que está regresando otra vez como hace cien años. Y ya compró al comisariado ejidal y resulta que la tierra que trabajaste tú, y tus padres, y tus abuelos, y tus bisabuelos, y generaciones enteras desde que Emiliano Zapata y Francisco Villa conquistaron la tierra para los campesinos, ahora ya no es tuya. Es de otro que ni siquiera conoces, es de otro que ni siquiera ves, es de otro que ni siquiera es de este país, es un extranjero. Duele ser campesino en México.

Y duele ser trabajador de la ciudad, obrero de la maquila, obrera de la maquila. Catorce, dieciséis horas diarias de trabajo; 45, 50 pesos al día. Sin descanso, sin seguro social, sin aguinaldo. Sin nada de las prestaciones que durante muchos años fueron para los trabajadores y las trabajadoras una ayuda. Si eres trabajador o trabajadora de la maquila, al servicio del estado, de una empresa, empleado, chofer, lo que sea cada quien, resulta que cada vez tiene menos para poder sobrevivir él y su familia.

Y resulta también que duele ser un trabajador que no sea empleado de nadie: un trabajador que tenga un pequeño comercio, a veces un pequeño local, a veces en la calle. Y resulta que el gobierno ha criminalizado el trabajo. Resulta que nadie puede ponerse a vender honestamente lo que él mismo produce, porque llega el gobierno y le dice que no tiene permiso, que aquí en estas tierras de México sólo tiene permiso el que es de otro país, el que tiene una gran tienda, un gran centro comercial, un gran centro turístico, un gran hotel.

Y resulta que estás trabajando y trabajando, y viene el funcionario por los impuestos, por la mordida, por el permiso, que resulta que es más caro que lo que pueda ganar uno, no en un día, sino en una semana. Duele ser, también, comerciante ambulante o pequeño comerciante.

Duele ser cada cosa que somos en este país. No importa en qué estado estemos, en qué rincón, en qué provincia. No importa, porque es igual para ellos allá arriba: los mismos centros comerciales, los mismos hoteles, las mismas ventas de las mismas marcas que se pueden encontrar en cualquier ciudad norteamericana.

Y cuando uno entra a esta ciudad no sabe si está entrando a Tampico, o a Villa Hermosa, o a Tuxtla Gutiérrez, o a Acapulco, o a la ciudad de México. Porque es la misma imagen calcada y repetida una y otra vez. Una imagen que no nos pertenece ni como tamaulipecos, ni como tampiqueños, ni como maderenses, ni como de Altamira, ni como mexicanos en cualquier rincón que estemos.

Esos dolores que nos están infringiendo como campesinos, como trabajadores de la ciudad, como mujeres, como ancianos, como ancianas, y ahora también como jóvenes. Porque ahora resulta que la juventud, la edad que tenga uno es un delito para éstos que han dicho que son gobierno, y que dicen que están para servir a la sociedad.

Y resulta que la forma de vestir, de hablar, de peinarse, es un delito para esta gente de allá arriba. Y nos persiguen como jóvenes nada más por la apariencia. Como si los criminales anduvieran en la calle y no estuvieran en el palacio de gobierno de Ciudad Victoria, Tamaulipas.

Nosotros estamos sintiendo este dolor allá en las montañas del sureste mexicano. Y hemos recorrido ya los 32 estados de la República, y en todas partes hemos sentido ese mismo dolor. Y además hemos sentido la misma rabia que siente cualquiera de ustedes al ver los espots publicitarios del señor Fox y sus discursos: diciendo que el pueblo de México está feliz con él, que durante seis años trabajó para el pueblo de México, que cualquier gente pobre tiene seguro popular, tiene vivienda digna, tiene buen trabajo y salario.

Como si fuera mentira que durante su sexenio, como nunca antes, millones de mexicanos y mexicanas tuvieron que emigrar a otro país, como si hubiera una guerra aquí. Porque no hay trabajo digno, porque no hay nada que llevarse a la boca, porque no hay un techo bajo el cual meterse y uno pueda decir: esto es una casa y no una vergüenza.

Y si antes escuchábamos esto y pensábamos: tal vez, sí, tal vez en algún lugar sí está ocurriendo eso. A lo mejor el gobierno sólo se olvidó nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestra casa, nuestra calle, nuestro trabajo, nuestro ejido, nuestro pueblo indígena. Y resulta que no, que recorrimos todo el país y todo está igual abajo.

Mentira que el norte vive bien, mientas el sur padece . Mentira que en el norte de México hay otro país diferente al que hay en el centro y en el sur de este país que se sigue llamando México. Es igual: duele lo mismo ser mexicano en las montañas del sureste mexicano, en la península de Yucatán, que en la península de Baja California, en Sonora, en Chihuahua y en Tamaulipas.

Y perdónenme que diga esto: pero en estos días que recorrimos Tamaulipas, nos hemos dado cuenta que el señor Eugenio Hernández no es más que un sinvergüenza. Porque se la ha pasado simulando, en estos casi dos años, que está gobernando este estado, y en ningún lugar, en ningún rincón hemos visto nada de lo que él dice que ha hecho.

Hemos ido a Nuevo Laredo y hemos visto colonias hechas de casas de cartón, como en la canción, como sólo se veían hace cien años en este país. Y resulta que el gobernador de este estado donde está Nuevo Laredo está diciendo que la frontera es un manso de esperanza. Es un remanso de paz donde de vez en cuando algunos narcotraficantes se dan de tiros. Pero fuera de eso no pasa nada, todo está bien.

Y hemos visto, también en Nuevo Laredo, cómo las maquiladoras están envenenado el Río Bravo y el aire que respiran los tamaulipecos de ese lugar. Igual Reynosa, igual Matamoros. Los pescadores de Playa Bagdad explotados como en tiempos de la conquista. Ni siquiera en la colonia habíamos visto esas condiciones de vida.

En Nuevo Padilla, pescadores que quieren derecho a poder trabajar y no dedicarse a la delincuencia son tratados como si fueran criminales y narcotraficantes, y perseguidos por la marina, por la armada de México. Que en lugar de estar vigilando este país en contra del extranjero, está persiguiendo a sus mismos habitantes por un delito que antes no existía: que es trabajar.

Y fuimos también a Ciudad Victoria, que es donde se supone que vive este señor, o aparenta que vive cuando no está de viaje paseando. Y resulta también que ahí: fraudes contra los maestros en las casas, fraudes contra las colonias populares, engaños a la gente sobre el destino del dinero.

Construir una ciudad, destruirla otra vez y volverla a construir para beneficio únicamente de los grandes centros recreativos hoteleros y de los grandes centros comerciales. Sin que importe los trabajadores, sin que importe la gente que está ahí.

Y fuimos a Altamira e igual. Y ahora Tampico y Madero: igual. Y dónde está el gobernador de Tamaulipas que no sea frente a una cámara de televisión, pagando para que alguien le crea. Y nadie, ni el que está detrás de la cámara, le cree lo que está diciendo.

En Nuevo Laredo nos dijeron una verdad que ahora entendemos: aquí en Tamaulipas todos los gobernantes son Ulises Ruiz. Todos son criminales, todos son asesinos, y todos son ladrones. Todos, ninguno se salva. Aquí los centros de prostitución no están en la zona roja, están en el congreso del estado, en el palacio de gobierno y en la presidencia municipal de Tampico, de Madero y de Altamira.

Y nosotros vimos y escuchamos esto, lo mismo aquí en Tamaulipas que en el otro rincón de nuestro país en Baja California, y en el otro rincón de nuestro país que es Quintana Roo, y en nuestro propio rincón que hemos tratado de construir un lugar digno: que son las montañas del sureste mexicano. El último rincón que este país tiene, casi en la frontera con Guatemala.

Y nosotros hemos llegado hasta acá, porque traigo un mensaje de las comunidades indígenas zapatistas de raíz maya: del sureste de México al sureste de Tamaulipas. Y nosotros sabemos que aquí en estas tierras, en Tampico, en Madero y en Altamira se juntan tres elementos de los que pocos pueden enorgullecerse:

La rebeldía del norte. La que hizo nacer hace cien años la revolución mexicana.

La resistencia de los costeños frente a la invasión extranjera . Que en todo el golfo se reproduce en cada lado.

Y la puerta de la huasteca y su sabiduría indígena . Que es la que nos ha ayudado a seguir el camino.

Estas tres cosas que tiene este rincón de Tamaulipas: la rebeldía, la resistencia y la sabiduría es la misma que alimentó los pulmones del general Sandino que estuvo trabajando aquí en Tampico cuando los campos petroleros pertenecían al extranjero. Y de lo que aprendió aquí en Tampico fue a Nicaragua a derrotar al invasor yanqui.

Y a lo mejor esa historia no nos la enseñan, porque resulta que respirar el aire de Tampico da malas ideas. Da ideas de rebelión, de alzarse, de levantarse, de exigir la libertad y la democracia y la justicia que nos están convirtiendo allá arriba en un teatro de mal gusto.

Y nosotros venimos a esta tierra a decirles, a pedirles que unan la playa de Miramar con una laguna que tiene el mismo nombre: la laguna de Miramar en la Selva Lacandona. Que unan su lucha a la lucha nuestra, no con las armas, no para taparse la cara, no para ser objeto de la atención mediática, sino para cambiar de una vez por todas este país que da vergüenza cada vez que miramos hacia arriba.

Y cada vez que vemos a los gobernantes en la televisión, en las fotos de las páginas de sociales, o en las páginas de la nota roja —porque se turnan entre una y otra—, cada vez que vemos eso nos da vergüenza y pensamos que nos equivocamos de país. Que no vale la pena ser mexicano o mexicana, porque sólo representa dolor y lástima uno mismo.

Pero si hacemos —y los invitamos a eso—, hacemos otra cosa. Si empezamos a mirarnos entre nosotros como ancianos, como ancianas, como mujeres, como trabajadores, como trabajadoras, como jóvenes, como maestros, como estudiantes, como empleados, como pequeños comerciantes, como choferes, como niños y niñas, como lo que es cada quién, vamos a encontrar que el mismo aire que se respiró en estas tierras hace tantos años y que ha dado tantos hombres y mujeres dignos y rebeldes para la historia de esta patria, tiene que volver a andar .

Porque lo que hemos descubierto en los 32 estados es que hay un viento que está ahorita todavía como un rumor abajo. El rumor y el viento que advierte que ya van a ser cien años de que este país se sacudió en la revolución de 1910. Que van a ser doscientos años que se sacudió del dominio español. Y que ya va siendo hora que nos sacudamos del dominio del imperio de las barras y las turbias estrellas, que está a unas cuantas horas de aquí.

Lo que hemos descubierto en Tamaulipas es que no es cierto. No está tan cerca Estados Unidos. Aquí de Tampico lo que queda más cerca son las montañas del sureste mexicano. Lo que queda más cerca de ustedes no son los gabachos del otro lado, sino los indígenas a los que yo represento, y los trabajadores que hay en todo el país y las trabajadoras que están luchando por lo mismo que debemos luchar todos.

Nosotros queremos avisarles que la historia cansada de andar se repite, y que que está en nosotros que no sea la misma historia de derrota de hace cien años y de hace doscientos años. Nos vamos a levantar otra vez, no con las armas, sino con un movimiento civil y pacífico. En todas partes al mismo tiempo. Y la historia en México, en Tamaulipas, en Tampico va a volver a caminar los pasos del de abajo.

No más los pasos de los gobernantes, de los grandes propietarios. Ahora el paso del campesino, del obrero, del joven, de la jóvena, del anciano, del niño, del que está abajo. Y entonces esa es la historia que va a valer la pena aprender y escuchar y enseñarle a otros. Porque va a ser una historia que vamos a escribir nosotros. No que vamos a escuchar o a leer en los libros ajenos, sino el que cada uno va a escribir en su corazón, en su casa, en su calle, en su montaña, en su lancha si es pescador.

Esto va a pasar y el pueblo de Tampico va a tener que contestar, como cada tanto tiene que contestar de qué lado está: si está del lado de los espectadores o está del lado de los actores. Si está del lado de los de abajo o está del lado de los de arriba. Llegó la hora y sólo he venido a eso a Tampico, a avisarles.

Llegó la hora como hace cien años y como hace doscientos años. Tenemos que levantarnos de nuevo, acabar con todos los gobernantes, todos: desde el más pequeño hasta el más grande. Meterlos a la cárcel o sacarlos del país: exportarlos, como luego se dice.

Sacar también a los grandes propietarios y tomar en nuestras manos el campo. La tierra para quien la trabaja, la tienda para el empleado, la fábrica para el obrero, el vehículo para el chofer. Todo lo que hacemos cada quien como generación de riqueza, que sea propiedad de los trabajadores. Y que el gobierno nos obedezca, nunca más nos mande él, ni nadie, mucho menos un extranjero, que eso es lo que quieren hacer.

Queremos invitar al sureste de Tamaulipas que se una de una vez en la Otra Campaña con el sureste de México. Como se ha unido otras veces en la historia de este país, y no sólo con nosotros sino con toda la República. Y digamos ahora sí todos juntos, en nuestra lengua de cada quien, en nuestra estatura, con nuestro tono de voz: ¡Ya basta! Y que lo escuche el que está arriba. Y no importa que no salga en la televisión, ni en el periódico. Porque la víspera, un día antes de una gran rebelión parece que no pasa nada. Y ahora, el día de hoy, estamos en el día anterior, en la víspera.

En todas partes donde hemos pasado en el norte de México, hemos encontrado gente como ustedes. Gente a la que es un orgullo para nosotros los zapatistas llamarles compañeros y compañeras.

Compañeros y compañeras, llegó la hora y hay que decidir. Que cada quien decida y tome por fin en sus propias manos su destino. Esto que nosotros llamamos patria nos está pidiendo a nosotros, a los de abajo, no importa en qué lugar estemos, que hagamos algo por ella. Si no muere y muere para siempre.

Gracias compañeros, compañeras.

1 comment:

Warilas said...

De verdad estuvo el subcomandante marcos en tampico? Soy tampiqueña y hace ya año y medio que vivo en buenos aires argentina, y mi familia nunca me platico esto. wow, tambien visito a su familia? estuvo tranquilo? no fue mmolestado por la policia o el gobierno?